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Usuario: Ady (San Luis Potosí. México)
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LEYENDAS COLONIALES DE TERROR EN LA CASA DE KRUELA
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El Callejón de las Manitas
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Allá
por aquellos lejanos años de 1780, llegó a la ciudad de San
Luis Potosí, un sacerdote, que tal vez enterado de lo benigno del
clima, de la bondad de la gente, del auge de sus minas y de tanto y tanto
como se decía de aquí, porque esta tierra, desde su fundación
allá cuando Fray Diego de la Magdalena la bautizó con el
nombre de San Luis, en memoria de su muy amado Rey de Francia, había
gozado y goza de buena fama y señalado prestigio como una ciudad
de grandes posibilidades, de cuantiosos bienes, en sus minerales, y sobre
todo de la piedad y cristianas maneras de su gente; en verdad esta fama
ha sido conquistada sin esfuerzo, sin prisa, sin desearlo si quiera sino
que simple y sencillamente porque la gente de esta noble tierra es eso,
noble y tal vez el cura de marras fue atraído por esas circunstancias
y llegó para radicarse ahí.
Al clérigo
le fue fácil encontrar colocación como maestro en uno de
los mejores colegios de aquel entonces, y aunque se le proporcionaba la
manera de vivir en el mismo, y de hecho aceptó a vivir ahí,
aun así alquiló una casa en uno de los barrios más
desolados de la Ciudad, como era el de la Alfalfa.
Un buen día
dejó el colegio donde impartía latín entre otras materias,
salió con rumbo desconocido y regresó tiempo después
para ser asesinado, se dice que por sus mismos acompañantes, dos
mozos que él mismo había invitado a su recorrido. Sucedió
de la siguiente manera, aunque podríamos contar tres o cuatro
formas de cómo ocurrieron los hechos.
Al efectuar
el Sacerdote su recorrido por los pueblos cercanos, reunió algunos
dineros que traía consigo destinados en una parte a comprarse algunas
cosas que necesitaba y, la otra parte, a socorrer a los pobres más
indigentes; casi todos sus honorarios los gastaba en ellos.
Luego de su
arribo a la ciudad se dirigió a su casa situada en el antiguo callejón
de la Alfalfa. Una vez instalado ahí, dejó que sus ayudantes
cumplieran con su obligación: desensillar los caballos, desaparejar
las mulas y llevar los animales al pesebre. Los dos mozalbetes ejecutaron
sus labores con toda calma y después fueron a tomar sus alimentos.
Mientras tanto, el Sacerdote, que ya estaba muy cansado, prefirió
ir directamente a la cama, no sin antes rezar sus oraciones.
Entraba la
noche; en aquella época no había luz eléctrica, sino
unos cuantos faroles con mechones de brea y trementina, muy distantes unos
de otros; tampoco había clubs nocturnos, ni cines, ni teatros, solamente
una que otra tertulia ocasional, algún sarao en una zona determinada.
Pero a ninguna de estas partes irían los jóvenes acompañantes
del Padre, pues eran menores de edad, frisaban entre los deciséis
y dieciocho años; además eran gente humilde e ignorante.
Así que regresaron a la casa.
Gran sorpresa,
espanto, terror y rabia, sintieron cuando al llegar vieron al Padre tendido
en medio del cuarto, bañado en sangre; muerto. Salieron rápidamente,
pidieron auxilio gritando como locos. La gente se reunió, y alguno
de los que acudieron tuvo el acierto de ir a dar parte a la autoridad,
siendo la más cercana la que se encontraba en el Hospital, que era
militar; de este lugar salieron médicos, enfermos, y soldados, y
todos se dieron cuenta que por desgracia era verdad lo que decían
los muchachos: el Padre había sido cruelmente asesinado.
Las autoridades
se avocaron desde luego al esclarecimiento de aquel hecho, buscaron y rebuscaron
en todos los alrededores de la Ciudad y en los con tornos de la región;
se detuvieron algunos sopechosos, pero todos fueron liberados. Los muchachos
acompañantes del Padre ayudaron a la búsqueda de los asesinos,
pero no hubo éxito.
Los ayudantes
del Padre eran compadecidos por mucha gente y hasta por las autoridades,
quienes, en tanto conseguían trabajo, les ayudaron en su sostenimiento.
Un miembro
de la autoridad jurídica, quien siempre sospechó de los dos
muchachos, pidió que se les internara en el Hospital Militar en
calidad de presos. Ordenó luego que se pusieran en cuartos separados
e incomunicados, sujetándolos a intensos interrogatorios. Por fin
logró que se culparan mutuamente y uno de ellos dijo que su primo,
que era el más grande de los dos, era el que había asesinado
al Padre y que ambos ocultaron el producto del robo que consitía
en unas cuantas monedas. Las autoridades y los reos se trasladaron al sitio
de los hechos, donde fueron encontradas las monedas así como el
cuerpo del delito que fue un puñal.
Aseguraban
los jóvenes que no fue el robo el móvil del crimen, sino
vengarse
por el mal trato que les daba el Sacerdote. Sea esto lo que fuere,
el caso que se aclaró que ellos eran los asesinos y tras de seguirles
proceso fueron senteciados a la horca y a cortarles las manos.
El juicio interrumpido
varias veces por los recursos que apelaron los defensores, duró
cinco años, al término se confirmó la sentencia de
muerte y el de cortar a los cuerpos las manos, para exhibirlas en el lugar
del crimen.
Las manos
criminales se colgaron del muro exterior de la sombría casa del
callejón solitario y triste por el día, y fúnebre
y tenebroso por la noche, desde entonces se le llamó el Callejón
de las Manitas. Cuando la gente tenía que pasar por este callejón
empezaba a rezar y no cesaba de hacerlo hasta que salía de él.
Por fin
alguien descolgó las manos de aquel sitio, pero pasados unos días
volvían a estar colgadas.
Así fue en forma sucesiva durante mucho tiempo; hasta se reformó
el barrio y el callejón fué atravesado por una calle ancha.
Sin embargo,
en ese mismo lugar donde estuvo la casa lúgubre, en algunas noches
del mes de noviembre todavía se ven flotar en el espacio unas manos
esqueléticas que buscan acomodo en un sitio. También se aparece
un sacerdote menudito, esmirriado, de sotana rabona, que cruza la calle
y se pierde al voltear la esquina.
Tengo que mecionar
que este callejón actualmente existe, se encuentra justo atrás
del hospital militar de la ciudad, yo he pasado por ahí en la noche
y efectivamente, se siente raro el lugar, hace frío y por si fuera
poco es una calle bastante larga y poco alumbrada, sólo espero nunca
poder ver las manos colgadas en la pared!!!!! :)
Ady (San Luis
Potosí, México) |
Maria Elena (Ciudad de México)
Es buena tu historia, parece ser que San Luis es un estado de varias leyendas.
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Invitado
es muii bueno tu relato
y muiii decepcionante lo de la historia pero en fin exelente tu relato baiiiii
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Invitado
hola, soy de san luis potosi, y es cierto e pasado algunas veces por esa calle, nunca e visto nada raro, pero la sensacion es muy extraña y si falta mucha iluminacion.
Saludos.
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Invitado
interesante
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Invitado
yo me yamo alejandra nava larios boy en 2-C
mi correo es ale_azul189@hotmail.com
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Invitado
bno yo les kiero contar de k yo en la noche estaba haciendo una tarea k me enkargo la maestra de español de una leyenda k decian unas palabras asi madrinita madrinita tu ahijado te nececita entonces eran como las 12 p.m de la noche y de repente por la casa pasa algien pero yo me fijo y no era nadie y todos los perros estaban ladrando y ami si me dio miedo pero ayi tambien estaba mi mama y ella tambien escucho ruidos y asta abentaron la puerta de mi casa bno al dia siguiente les platik a todos pero nadie me creia pero si era sierto
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gaara del desierto
me parece que estuvo mal lo que le hicieron a don antonio!!!
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Invitado
hola yo me llamo aylin y mi correo es
aylinmontero506@hotmail.com
voy en primero de sec.
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Invitado
El Callejón de las Manitas |
| Allá por aquellos lejanos años de 1780, llegó a la ciudad de San Luis Potosí, un sacerdote, que tal vez enterado de lo benigno del clima, de la bondad de la gente, del auge de sus minas y de tanto y tanto como se decía de aquí, porque esta tierra, desde su fundación allá cuando Fray Diego de la Magdalena la bautizó con el nombre de San Luis, en memoria de su muy amado Rey de Francia, había gozado y goza de buena fama y señalado prestigio como una ciudad de grandes posibilidades, de cuantiosos bienes, en sus minerales, y sobre todo de la piedad y cristianas maneras de su gente; en verdad esta fama ha sido conquistada sin esfuerzo, sin prisa, sin desearlo si quiera sino que simple y sencillamente porque la gente de esta noble tierra es eso, noble y tal vez el cura de marras fue atraído por esas circunstancias y llegó para radicarse ahí.
Al clérigo le fue fácil encontrar colocación como maestro en uno de los mejores colegios de aquel entonces, y aunque se le proporcionaba la manera de vivir en el mismo, y de hecho aceptó a vivir ahí, aun así alquiló una casa en uno de los barrios más desolados de la Ciudad, como era el de la Alfalfa.
Un buen día dejó el colegio donde impartía latín entre otras materias, salió con rumbo desconocido y regresó tiempo después para ser asesinado, se dice que por sus mismos acompañantes, dos mozos que él mismo había invitado a su recorrido. Sucedió de la siguiente manera, aunque podríamos contar tres o cuatro formas de cómo ocurrieron los hechos.
Al efectuar el Sacerdote su recorrido por los pueblos cercanos, reunió algunos dineros que traía consigo destinados en una parte a comprarse algunas cosas que necesitaba y, la otra parte, a socorrer a los pobres más indigentes; casi todos sus honorarios los gastaba en ellos.
Luego de su arribo a la ciudad se dirigió a su casa situada en el antiguo callejón de la Alfalfa. Una vez instalado ahí, dejó que sus ayudantes cumplieran con su obligación: desensillar los caballos, desaparejar las mulas y llevar los animales al pesebre. Los dos mozalbetes ejecutaron sus labores con toda calma y después fueron a tomar sus alimentos. Mientras tanto, el Sacerdote, que ya estaba muy cansado, prefirió ir directamente a la cama, no sin antes rezar sus oraciones.
Entraba la noche; en aquella época no había luz eléctrica, sino unos cuantos faroles con mechones de brea y trementina, muy distantes unos de otros; tampoco había clubs nocturnos, ni cines, ni teatros, solamente una que otra tertulia ocasional, algún sarao en una zona determinada. Pero a ninguna de estas partes irían los jóvenes acompañantes del Padre, pues eran menores de edad, frisaban entre los deciséis y dieciocho años; además eran gente humilde e ignorante. Así que regresaron a la casa.
Gran sorpresa, espanto, terror y rabia, sintieron cuando al llegar vieron al Padre tendido en medio del cuarto, bañado en sangre; muerto. Salieron rápidamente, pidieron auxilio gritando como locos. La gente se reunió, y alguno de los que acudieron tuvo el acierto de ir a dar parte a la autoridad, siendo la más cercana la que se encontraba en el Hospital, que era militar; de este lugar salieron médicos, enfermos, y soldados, y todos se dieron cuenta que por desgracia era verdad lo que decían los muchachos: el Padre había sido cruelmente asesinado.
Las autoridades se avocaron desde luego al esclarecimiento de aquel hecho, buscaron y rebuscaron en todos los alrededores de la Ciudad y en los con tornos de la región; se detuvieron algunos sopechosos, pero todos fueron liberados. Los muchachos acompañantes del Padre ayudaron a la búsqueda de los asesinos, pero no hubo éxito.
Los ayudantes del Padre eran compadecidos por mucha gente y hasta por las autoridades, quienes, en tanto conseguían trabajo, les ayudaron en su sostenimiento.
Un miembro de la autoridad jurídica, quien siempre sospechó de los dos muchachos, pidió que se les internara en el Hospital Militar en calidad de presos. Ordenó luego que se pusieran en cuartos separados e incomunicados, sujetándolos a intensos interrogatorios. Por fin logró que se culparan mutuamente y uno de ellos dijo que su primo, que era el más grande de los dos, era el que había asesinado al Padre y que ambos ocultaron el producto del robo que consitía en unas cuantas monedas. Las autoridades y los reos se trasladaron al sitio de los hechos, donde fueron encontradas las monedas así como el cuerpo del delito que fue un puñal.
Aseguraban los jóvenes que no fue el robo el móvil del crimen, sino vengarse por el mal trato que les daba el Sacerdote. Sea esto lo que fuere, el caso que se aclaró que ellos eran los asesinos y tras de seguirles proceso fueron senteciados a la horca y a cortarles las manos.
El juicio interrumpido varias veces por los recursos que apelaron los defensores, duró cinco años, al término se confirmó la sentencia de muerte y el de cortar a los cuerpos las manos, para exhibirlas en el lugar del crimen.
Las manos criminales se colgaron del muro exterior de la sombría casa del callejón solitario y triste por el día, y fúnebre y tenebroso por la noche, desde entonces se le llamó el Callejón de las Manitas. Cuando la gente tenía que pasar por este callejón empezaba a rezar y no cesaba de hacerlo hasta que salía de él.
Por fin alguien descolgó las manos de aquel sitio, pero pasados unos días volvían a estar colgadas. Así fue en forma sucesiva durante mucho tiempo; hasta se reformó el barrio y el callejón fué atravesado por una calle ancha.
Sin embargo, en ese mismo lugar donde estuvo la casa lúgubre, en algunas noches del mes de noviembre todavía se ven flotar en el espacio unas manos esqueléticas que buscan acomodo en un sitio. También se aparece un sacerdote menudito, esmirriado, de sotana rabona, que cruza la calle y se pierde al voltear la esquina.
Tengo que mecionar que este callejón actualmente existe, se encuentra justo atrás del hospital militar de la ciudad, yo he pasado por ahí en la noche y efectivamente, se siente raro el lugar, hace frío y por si fuera poco es una calle bastante larga y poco alumbrada, sólo espero nunca poder ver las manos colgadas en la pared!!!!! :)
Ady (San Luis Potosí, México) |
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Invitado
esta muy cool. les voy a contar lo que me sucedio com un chavo estaba el y yo solos contando historias cuando me descuido y meda un beso despues seguimos contando cuando de repente pum pum algo se oia el lo escucho y salimos corriendo de mi casa, emberdad sigan subiendo mas porque estan chidos .
saludos y besos al que lea esto especialmente a los chavos
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Invitado
estan chidas espero que suban mas . cool
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Invitado
saludos tengo un trabajo de leyendas en equipo nos suspendieron las clases por lo de la influenza aora tengo que aser todo yo solo porque no nos pusimos de acuerdo en donde vernos me acabas de salvar el pellejo voy en 1º de sec att jose luis
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Invitado
2154
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Invitado
jajjaja que pallasadas
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Invitado
Buenas leyendas felicidades y sigan poniendo mas, aveces los mismos potosinos las desconocemos.
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Invitado
hoola mee llamo meelviin && mii coorreeo es :
esg_25@hotmail.com
voe en 2.-"A"
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Invitado
q p2 tachidita la leyenda jajaj!""· $%&/()_xd no dejen de entrar a la pagina
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Invitado
hola me llamo said y mi correo es :
NEUS_GUAPO@HOTMAIL.COM TODO CON MAYUSCULA
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Invitado
esta bien chida esta hisotia y lo q me da mas miedo esq ya estuve ai donde relatan esta historia
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Invitado
solo quiero copiar ii pegar jaja lo necesito
pa un trabajoo
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Invitado
hola no pz tu leyenda esta buena y solo la quieropara un trjabo bye.
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Invitado
leyenda de las manitas
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ayelén
está buena la leyenda...
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Invitado
hola muy buena historia
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Invitado
pinche leyenda chafa
que me lo chupe el que la escribio
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Invitado
hola
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Invitado
Hola me llamo alejandra y mi correo es:
Sury_2404@hotmail.com
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Invitado
me parece muy buena la leyenda y hasta parece creible se q esas cosas pasan... repito muy buena y suerte....
irina(ima)
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