1.- H. P. Lovecraft.
Por Travis
Los datos sobre la biografía y el estilo
de Lovecraft han sido recogidos de varios prólogos de las diferentes
obras recopilatorias de sus cuentos, estos escritos constituyen también
la base del epílogo donde se analiza el relato elegido como representación
de su obra, de todos estos prólogos quiero destacar el escrito por
Rafael Llopis (Los Mitos de Cthulhu de H.P. Lovecraft y otros Alianza Editorial)
cuya lectura recomiendo a todos los seguidores del hombre de Nueva
Inglaterra.
BIOGRAFIA
Howard Philips Lovecraft nació en la ciudad
de Providence en el estado de Rhode Island (E.E.U.U.) el 20 de Agosto de
1890. Su padre Winfield Scott Lovecraft era un viajante de comercio que
falleció cuando Howard tenía ocho años, siendo hijo
único se educo exclusivamente entre adultos: su madre Sarah Susan
Phillips, sus abuelos maternos y las dos hermanas de su madre.
Durante su infancia y adolescencia permaneció
aislado de los otros muchachos dedicándose sobre todo a la lectura
en especial la Astronomía, las Mil y Una Noches, las leyendas del
paganismo clásico y los escritores del siglo XVIII. Su primer relato,
La
bestia de la cueva (imitación de los cuentos terroríficos
de la tradición gótica) fue escrito a los quince años
de edad, pero no fue hasta 1908 que vio publicado su primer relato titulado
El
alquimista.
Ya entrado en la veintena se inclino por el estilo
del escritor Lord Dunsany y en 1917 a la edad de veintisiete años
publicó el relato fantástico Dagon, en la revista
Weird
Tales donde posteriormente vieron la luz otros relatos suyos.
En 1921 fallece su madre tras pasar una larga temporada
ingresada en un sanatorio, aquel mismo año y acuciado por necesidades
económicas comienza a ganarse la vida como crítico y corrector
de pruebas y estilo. Por aquella época comenzó a mantener
relaciones epistolares con varias personas interesadas en sus relatos,
algunas de las cuales se convertirían posteriormente en escritores
y algunas incluso en escritores bastante conocidos como el caso de Robert
Bloch.
En
esta época comenzaron a gestarse los mitos de Cthulhu, el primero
de sus relatos perteneciente a este ciclo es La ciudad sin Nombre
(1921), posteriormente y a partir de La llamada de Cthulhu (1926),
los mitos adquieren su forma adulta y definitiva, en colaboración
con todo su círculo de amistades.
También en esta época data su amistad
con Sonia Greene, diez años mayor que el con la que se casaría
en 1924 y se marcharía a vivir a Brooklyn, Nueva York. El matrimonio
se separó a los dos años de casados y se divorció
legalmente tres años más tarde.
Regresó a Providence donde permanecería
ya para siempre a excepción de algunos breves viajes. A finales
de febrero de 1937 ingresó en el Hospital Jane Brown Memorial, de
Providence. Allí murió a primeras horas de la mañana
del 15 de Marzo de 1937 a la edad de cuarenta y siete años víctima
de un cáncer intestinal complicado con la enfermedad de Bright.
Fue enterrado tres días después en el panteón de su
abuelo Philips en el cementerio de Swann Point; aunque su nombre esta inscrito
en la columna central, ninguna lápida señala su tumba.
Lápida en el cementerio de Swann Point
en
honor a Howard Phillips Lovecraft.
Después de su muerte, sus amigos y admiradores
se dedicaron a recopilar sus cuentos dispersos o inéditos y a publicarlos.
Se creó una editorial llamada Arkham House que tuvo un éxito
cada vez mayor. Cabe citar las recopilaciones Beyond the wall of sleep
(Mas allá del muro del sueño), 1943; The Weird
Shadow Over Insmouth (La extraña sombra sobre Insmouth),
1944, y The Dunwich Horror (El Horror de Dunwich), 1945.
EL ESTILO
DE LOVECRAFT
Los relatos de H.P. Lovecraft poseen dos características
principales, que a menudo aparecen mezcladas. Por un lado son fantásticos,
al estilo del ya mencionado Lord Dunsany, y por otro son extrañas
y terribles visiones cósmicas que revelan influencias de Edgar Allan
Poe, Algernoon Blackwood y Arthur Machen.
La primera época conocida como "época
dunsaniana" a la que pertenecen sus primeros cuentos publicados está
invadida del irrealismo onírico, del fondo numinoso de religión
arcaica, de los nombres sonoros de dioses olvidados, de la descripción
de templos sepultados y de civilizaciones perdidas que cristalizaron
en un mundo onírico que no fue solo épico y legendario como
el de este su primer maestro, sino terrorífico también, elemento
añadido por Lovecraft y que constituía para el un ingrediente
imprescindible.
Con el tiempo sin embargo la vía puramente
onírica de Dunsany y su estilo maravilloso y poético comenzaron
a serle insuficientes. Coincidiendo según algunos críticos
de su obra con su apertura al mundo exterior como consecuencia de la muerte
de su madre, Lovecraft necesitaba de una estructura mas verosímil
que contara con el apoyo de la razón, de la ciencia y de la realidad.
De manera que la conocida estructura dunsaniana fue asimilando estos elementos
nuevos hasta que se produjo el salto dialéctico a su fase madura,
la de los Mitos de Cthulhu.
En esta nueva etapa destacan como se ha señalado
la influencia de dos escritores, uno es Arthur Machen del que tomó
los cultos de la antigüedad clásica, los afanes arqueológicos,
las doctrinas esotéricas de ciertas sociedades secretas, el materialismo
de explicar lo sobrenatural mediante ciertos secretos científicos
hoy olvidados.
El otro es Algernoon Blackwood del cual tomó
la idea de la existencia de seres primordiales que han sobrevivido hasta
nuestros días y la idea de que el universo no es nada sin la presencia
de ciertas fuerzas elementales de la naturaleza, teorías ambas que
se resumirían en una frase de este autor: "Es
concebible que tales potencias o seres hayan sobrevivido desde una época
infinitamente remota en que la conciencia se manifestaba quizá a
través de cuerpos y formas que ya hace tiempo se retiraron ante
la marea de la ascendiente humanidad, formas de las que solo la poesía
y la leyenda han conservado un fugaz recuerdo bajo el nombre de dioses,
monstruos, seres míticos de toda clase y especie".
Estos rasgos temáticos son identificados por
el lector como el tema principal de la fase de los mitos cosa que el mismo
Lovecraft explicaba: “Todos mis relatos, por desconectados
entre sí que puedan parecer, están basados en la misma idea:
la de que este mundo estuvo habitado en otra época por otra raza,
la cual fue expulsada del planeta por practicar la magia negra, y ahora
vive en un plano exterior, acechando la ocasión de volver a tomar
posesión de la Tierra.”
Además de estas dos influencias, los mitos
se alimentaron de múltiples aportaciones debidas a las lecturas
e ideas de Lovecraft y de su círculo de amigos, así se añadieron
elementos de la literatura de ciencia ficción, del ocultismo y de
las religiones esotéricas.
De esta manera el mundo onírico se transforma
en realismo formal donde se contraponen la realidad objetiva y materialista,
la razón y la conciencia frente a lo irracional y lo oculto. Y esta
es verdaderamente la gran aportación de Lovecraft y sus colegas,
en un mundo materialista y científico la explicación meramente
sobrenatural cada vez convence menos, el relato fantástico necesita
de visos de verosimilitud, no se trata sin embargo de hacerlo pasar por
verdad científica objetiva, pero sí de darle un tinte de
verdad que lo haga aceptable en un nivel estético.
Retomando de nuevo las palabras de Lovecraft: “El
principio fundamental debe ser el de una exposición científica
-puesto que ese es el modo normal de presentar un hecho nuevo al conocimiento
existente-, y no debe modificarse mientras el relato se desliza gradualmente
de lo posible a lo imposible”. “La ficción
espectral debe ser realista y atmosférica, sin perder nunca de vista
que el escenario, el ambiente y los fenómenos son más importantes
para el efecto que se desea causar que los personajes y la trama. El impacto
de una narración fantástica reside simplemente en la violación
de una ley cósmica considerada como absoluta –una huida imaginativa
de la realidad- puesto que los héroes lógicos son los fenómenos,
mas que las personas.”
Esta formula que ha sido bautizada como “cuento materialista
de terror” exigía por consiguiente el abandono de los países
y tierras míticas de antaño y su transposición a la
geografía conocida que en el caso de Lovecraft son las costas atlánticas
del territorio llamado Nueva Inglaterra que incluye los estados de Connecticut,
Maine, Nueva Hampshire, Vermont, Massachusets y el propio Rhode Island.
Aquí bajo diferentes nombres inventados pero conservando en esencia
el ambiente que destilaban esos pueblos y ciudades costeras (que Lovecraft
conocía tan bien) tienen lugar gran parte de sus relatos.
Su horror al mar también se integra perfectamente
con los demás elementos de sus cuentos. Cthulhu, máximo símbolo
de su horror, yace en el fondo del mar. Los seres híbridos de sus
relatos a menudo son cruces de hombres y bestias marinas. Los barrios portuarios,
el olor a pescado corrompido son, en sus relatos, signo inequívoco
de la presencia del mal.
En entonces de ese mar gigantesco y misterioso (todavía
en la actualidad y más aún cuando Lovecraft lo contemplaba)
, probablemente el único territorio sobre la tierra capaz quizás
de albergar lo desconocido de donde surgen muchos de sus horrores arquetípicos
encarnados no en puros dioses, ni en figuras oníricas sino en seres
materiales (aunque de una materia distinta y ajena a la que conocemos)
que habrían venido a la Tierra mucho antes que el hombre, estos
seres son personificaciones de los arquetipos más aterradores y
primitivos, de los monstruos más antiguos de nuestro abismo interior.
Estos monstruos nunca domesticados, se manifiestan de nuevo con todo su
poder cuando, en el sueño (una de las pocas puertas abiertas a ese
abismo interior), descendemos a las profundidades del alma donde habitan.
Aquí se produce la lucha entre los Primordiales
encarnación de nuestros terrores y deseos más ancestrales,
y la razón que los hundió en los abismos del subconsciente
desde donde sueñan con regresar y volver a dominar el mundo. Es
la lucha del interior entre la razón y el abismo que se manifiesta
en la contemplación alucinada del hombre moderno enfrentada a los
demonios de los tiempos remotos.
Este razonamiento sobre el significado de los mitos
de Chtulhu ha sido explicado por algunos críticos de la obra de
Lovecraft como consecuencia de su propia personalidad y de su desdichada
y solitaria vida. Lovecraft nunca creyó en la abstracta y estéril
mitología cristiana que imperaba en torno suyo, en cambio fue desde
su infancia un devoto de los cuentos de hadas y de las Mil y Una Noches,
en los que tampoco creía, pero los cuales, pareciéndole tan
(in)ciertos como La Biblia le resultaban mucho mas divertidos.
Así pues lejos de creer en magias y esoterismo,
fue siempre un hombre lógico, materialista, racionalista, ateo.
Sin embargo esta inevitable conclusión a la que llegaba sobre el
mundo en el que vivía se transformaba también en angustia
y decepción, ¡Qué pena que el mundo sea bajo y miserable!
¡Qué pena que los sueños sean tan solo eso!. Era pues
un hombre que no creía nada pero que se sentía profundamente
desdichado por ello.
Al descubrir que la religión (la suya y cualquier
otra) era un absurdo quedó en él un vacío que intentó
llenar con un mundo místico imaginario, así pues su literatura
funciona más que como otra cosa como evasión, (para él
y de paso para sus lectores), supo transmutar sus dolores en arte, en sus
relatos encontró expresión mítica la vida reprimida
de sus sentimientos, en ellos supo sublimar las fantasías que rechazaba
su intelecto formalista, aunque nunca pretendió creer en su irracionalismo
ni hacer creer a nadie en él.
Lovecraft aludió a su
afición a lo fantástico diciendo que se trataba de “una
característica de la personalidad, cuya fuente solo puede ser rastreada
por un psiquiatra o un biólogo...El objetivo de una narración
es el de reflejar una emoción, o una situación real de la
vida, y si se tiene en cuenta la influencia que lo fantástico ejerce
sobre nuestras emociones y sobre nuestra vida hay que convenir en la necesidad
de la narración fantástica como forma literaria, ya que el
sentimiento de lo misterioso es una emoción auténticamente
humana”.
Los viejos mitos y leyendas de la antigüedad
abolidas por el racionalismo del siglo XVIII y recuperados por el Romanticismo
de un modo puramente estético se convierten así en esta etapa
en una defensa, una huida ante el vacío existencial que nos ha dejado
una ciencia y una razón empeñadas en que comprendamos que
el mundo no es otra cosa que lo que en realidad es, pero de un modo casi
burlón los mitos de Chulthu recogen de ese mundo racional y moderno
lo que les interesa y sin moverse de el lo subvierten y lo retuercen hasta
transformarlo en un caos cósmico nacido de los abismos de tiempos
remotos y haciendo brotar de sus profundidades marinas y terráqueas
a los antiguos moradores que se ríen de nuestra razón.
Deberíamos abandonarnos todos de alguna manera
a esta fantasía y disfrutar con su lectura sumergiéndonos
en otros mundos que aun sabiendo que no existen nos producen “el
ligero estremecimiento que permite gozar de la agradable sensación
del terror” y como expreso en una conocida frase madame du Deffand,
quien, habiéndosele preguntado en pleno siglo XVIII si creía
en los fantasmas, contestó que no, pero que le daban miedo. No esta
la cosa pues en “creer” sino en “sentir”. Y aunque no me fiaría
de una persona que creyera en lo que se narra en La sombra sobre Insmouth
tampoco me fiaría de nadie que no se estremeciera al leerla.
THE SHADOW OVER INSMOUTH
PROLOGO
Este relato publicado en 1931 ha sido elegido por
dos motivos, primero porque es un ejemplo muy claro de la época
mas celebre del escritor conocida como la de “Los mitos de Cthulhu” y segundo
porque particularmente lo considero el más terrorífico de
cuantos he leído del hombre de Providence y casi diría que
de cuantos he leído del género.
No sé si será verdad eso que dicen
que la lectura de cuentos de terror requiere una especial atmósfera
para poder paladearlos mejor pero lo cierto es que en mi caso difícilmente
pueden darse mejores condiciones: en la soledad de una antigua pensión,
en medio de la noche y escuchando de fondo el rugir del oleaje en la bella
y misteriosa ciudad de San Sebastián.
Puede que fueran estas especiales condiciones las
que hicieron que me impactara tanto esta lectura o puede deberse también
a que soy una persona que nació y ha vivido siempre en ciudades
y pueblos costeros, algunos de los cuales parecen una copia exacta del
terrible puerto de Insmouth.
Recomiendo a todas las personas interesadas en este
modesto estudio del relato que por supuesto lo lean primero, y me atrevería
incluso a sugerirles que para hacerlo se trasladaran a alguna localidad
costera a ser posible frente al océano Atlántico vivo y violento
el mismo que baña las costas de Nueva Inglaterra donde vivió
nuestro hombre, espero que allí, en algún brumoso puerto
de mar, en medio del silencio de la noche interrumpido solo por el sordo
rumor del oleaje y los chillidos de las aves marinas tengan la ocasión
de disfrutar (sufrir) tanto como lo hice yo.
“, no podía sustraerme a la
sensación de que en todo momento me vigilaban unos ojos ocultos,
taimados y fijos que no parpadeaban jamás”. La Sombra sobre
Innsmouth, H.P. Lovecraft.
SINOPSIS
Innsmouth es como Arkham, Newburyport o Miskatonic el nombre imaginario
pero perteneciente a la geografía real de la región de Nueva
Inglaterra, el narrador en primera persona del relato oye hablar de esta
localidad de modo casual en la estación de ferrocarril de Newburyport
donde se encuentra haciendo escala en un viaje de placer.
Los rumores sobre pactos con demonios del mar, plagas
misteriosas, extrañas joyas sacadas nadie sabe de donde, milagrosas
capturas de pescado de tamaño descomunal así como ciertos
detalles sobre el insólito aspecto físico de los habitantes
del pueblo espolean la curiosidad del viajero que decide averiguar algo
más sobre Innsmouth.
Sus investigaciones le llevan al museo local donde
se haya expuesta una de esas joyas llegadas desde el pueblo misterioso,
la contemplación de esa joya, una tiara adornada con siniestros
motivos acuáticos representando a extrañas criaturas híbridas
despierta en el hombre una extraña sensación de “familiaridad”.
En el mismo museo le mencionan también la existencia en el pueblo
de cierto culto conocido como “Orden Esotérica de Dagon” al que
eran adeptos la práctica totalidad de sus escasos habitantes.
Con la curiosidad convertida en obsesión el
viajero decide en contra de los numerosos consejos que recibe en Newburyport
acudir al día siguiente a visitar el pueblo.
Efectivamente a la siguiente mañana nuestro
héroe coge un cochambroso autobús del que es el único
pasajero y con un hombre de aspecto siniestro al volante comienza el viaje.
La tenebrosa descripción del recorrido del
autobús por Insmouth sembrado de construcciones ruinosas y decadentes
e invadido por un persistente y nauseabundo olor a pescado podrido va sumergiendo
cada vez más al lector en una atmósfera preñada de
inquietud y amenaza, en palabras literales del narrador “El
interminable espectáculo de callejones desiertos y fachadas miserables,
la infinidad de cuchitriles oscuros, vacíos, abandonados a las telarañas
y a la carcoma, provocan un temor que ninguna filosofía puede disipar.”
El visitante recorre el pueblo encontrando más
de lo mismo, casas convertidas en escombros, factorías abandonadas
y grupos de paisanos silenciosos y hoscos de andar torpe y bamboleante
reconocibles en seguida por tener la “pinta de Innsmouth” manifestada sobre
todo en sus ojos fijos e imperturbables que no pestañean jamás,
todos jóvenes, no se ven ancianos por ningún sitio, tampoco
se ven perros ni gatos, las ventanas de los pisos altos cerradas y clavadas
con tablas.
Cada vez más inquieto desea marcharse cuanto
antes de tan insólito lugar pero una vez mas la curiosidad vence
a la prudencia, al tropezarse con un anciano borrachín del cual
le han comentando (en una tienda de comestibles atendida por un forastero
como él) que suele contar disparatadas leyendas sobre el pueblo,
decide abordarle y soltarle la lengua con una botella de whisky.
El anciano borracho le cuenta una historia fantástica
sobre el origen de la maldición que ha caído sobre Innsmouth,
hace muchos años algunos marineros del pueblo llegaron a un archipiélago
de los Mares del Sur, en una de las islas había una gran abundancia
de pescado cuando en la otras apenas se sacaba para malvivir, además
había muchos objetos de una extraña clase de oro con motivos
labrados mostrando unos seres monstruosos mitad peces mitad ranas, interrogando
a los nativos se enteraron de que andaban en tratos con esas criaturas
que procedían de los abismos marinos donde habitaban en ciudades
submarinas, a cambio de sacrificios humano, las bestias del mar les entregan
el oro y toda la pesca que quisieran, con el tiempo aquellos seres llegaron
a mezclar su sangre con los humanos dando como resultado criaturas híbridas
que nacían con apariencia humana pero que con el tiempo se volvían
como los seres del abismo y terminaban arrojándose al agua para
vivir entre ellos una vida inmortal.
Los nativos enseñaron a los marineros los
ritos y conjuros necesarios para invocar a las bestias del mar que estaban
diseminadas por todo el mundo de manera que en cualquier parte del océano
se podía dar con ellos.
Los marineros de regreso a Innsmouth trajeron consigo
aquellos rituales convenciendo a sus conciudadanos de que era esa la solución
para la decadencia económica de su pueblo, y conminándoles
a abandonar los inútiles ritos cristianos y adoptar la religión
de la Orden Esotérica del Dagon.
El alucinado anciano termina abruptamente su historia,
se muestra aterrorizado “¡Vayase de
aquí!, ¡nos han visto!” y desaparece corriendo.
El visitante aunque conmovido por la grotesca historia
no la cree en absoluto, aun así decide abandonar cuanto antes el
pueblo que le resulta cada vez más aborrecible, ¿hará
falta decir lo que sucede entonces?, al llegar a la estación del
autobús el conductor le comunica “con un repugnante
acento gutural” que el autobús está estropeado, no
tendrá más remedio que pasar la noche en el hotel del pueblo...
En una habitación de aspecto lúgubre,
en medio de una “atmósfera de humedad estancada,
lo que me sugería inevitablemente emanaciones de putrefacción
y muerte” va llegando la noche.
En medio del silencio y la oscuridad empiezan a oírse
ruidos de pasos furtivos, alguien intenta entrar en la habitación
sin conseguirlo, se oyen gruñidos que no guardan relación
con ningún lenguaje humano, la luz eléctrica ha sido cortada,
el forastero siente la necesidad de escapar de allí cuanto antes,
los inhumanos gruñidos van en aumento, el olor a pescado se hace
mas fuerte, alguien comienza a embestir la puerta, parece como si una horda
se hubiera reunido en el pasillo con la intención de entrar en la
habitación del modo que sea, el forastero huye del siniestro edificio
descolgándose por la ventana de su habitación.
Desde la calle ve como una tropa de siluetas bamboleantes
sale del Hotel en su persecución comandadas por una figura coronada
por una tiara, la misma que habia visto en el museo de Newburyport.
Nuestro hombre huye por las calles del pueblo tan
solo alumbradas por la luna, desde ellas contempla como miles de formas
nadan en el agua en dirección al pueblo, prosigue la huida, por
las aceras resuenan los pasos enérgicos y los gritos guturales de
sus perseguidores, el hombre decide huir campo a través suponiendo
que la chusma ha cortado las carreteras de acceso.
El fugitivo se dirige por las vías abandonadas
del tren hacia las afueras del pueblo, solo tiene que atravesar el punto
en el que estas vías cruzan la carretera principal y estará
a salvo pero antes de llegar escucha el ruido de la horda aullante que
se acerca precisamente por esa carretera, tiene que esperar a que pasen
el punto que cruza la vía y se alejen para proseguir su huida, sabe
que va a ver a sus perseguidores de cerca por primera vez en aquella encrucijada
bañada por la luz de la luna, se propone cerrar los ojos para no
mirarles pero ... ya sabemos que no lo hará, “Entonces
no pude resistir más, y abrí los ojos”.
Los siguientes tres párrafos que siguen constituyen
la descripción más aterradora que mis pobres ojos han leído
nunca, porque la horda gutural y nauseabunda que cruza la vía esta
formada por aquellas criaturas que aparecían labradas en la tiara,
las descritas también por las palabras del anciano borracho pero
ahora “vivos y en todo su horror” de piel
reluciente y escamosa, brincando y aullando, el horror de nuevo vagamente
“familiar” tantas veces descrito y soñado pero ahora hecho terrible
realidad a escasos cien metros de distancia.
Como es lógico nuestro hombre se desmaya de
pavor, cuando despierta ya es de día y el pueblo ha vuelto a la
(a)normalidad, el viajero prosigue su huida hasta llegar a sitio seguro
donde dará cuenta a las autoridades de los espantosos prodigios
que ha presenciado.
¿Es este el fin del terrorífico relato?
No!!!, queda el sobrecogedor epílogo, aunque todo parece haber terminado
hay algo que atemoriza al narrador, no puede quitarse de la cabeza la remota
familiaridad de los rostros que ha contemplado, de manera obsesiva comienza
a investigar a sus antepasados y descubre en varios de ellos pertenecientes
a su familia materna aquella “mirada de ojos fijos
e imperturbables que no parpadean jamas”, una expresión desasosegadora
que antes no había sabido comprender pero que ahora se le revelaba
como una horrible realidad, la sospecha se ve confirmada cuando se le muestran
algunas antiguas joyas de la familia cuya contemplación hace perder
el conocimiento al narrador al igual que lo había perdido aquella
noche en la encrucijada, porque contempla labradas en aquellas joyas las
mismas imágenes que contemplo entonces en vivo.
El hombre trata de olvidar lo que ha descubierto,
busca un trabajo rutinario y se entrega a él con ahínco para
no pensar, pero...entonces comienzan los sueños, la puerta al otro
mundo de la que no se puede escapar.
En los sueños contempla fantásticas
ciudades submarinas por donde flota rodeado por criaturas que aunque al
despertar le causan pánico, en el sueño no le producen ningún
temor, en otros sueños se encuentra a su abuela materna en una ciudad
bajo el mar, le dice que no ha muerto sino que ha regresado al mar donde
vive en un reino maravilloso, un reino que también le esta destinado
a él, habitado por sus semejantes que ahora descansan pero que algún
día irrumpirán de las aguas para conquistar el mundo, al
despertar de este sueño el hombre se mira en el espejo y ve reflejado
en él su rostro que tenia de manera inconfundible LA
PINTA DE INNSMOUTH!!!!.
El hombre conoce ahora su origen y su destino, al
principio piensa en quitarse la vida como algunos antepasados suyos que
hicieron el mismo descubrimiento pero luego todo cambia, el horror y la
ansiedad se relajan y comienza a sentirse atraído por las desconocidas
profundidades del mar, en las ultimas líneas el narrador lleno de
gozo escribe sus planes de correr de nuevo hacia Innsmouth, nadar hasta
el arrecife y sumergirse en los negros abismos “Y
allí, en compañía de los Profundos, viviremos para
siempre en un mundo de maravilla y gloria”.
THE END.
EPILOGO
En este cuento se manifiestan como se ha dicho al
principio casi todas las claves que configuran los mitos de Cthulhu, no
en vano está publicado en 1931 cuando la elaboración de los
mitos estaba en su apogeo, el primero de ellos La ciudad sin nombre
había sido publicado en 1921 y el último El morador de
las tinieblas en 1935.
Encontramos aquí la existencia de mundos
remotos sumergidos en las profundidades del mar o de la tierra habitados
por criaturas horrendas que aguardan el momento de volver al mundo que
una vez fue suyo y también el reconocimiento del narrador de su
propio origen monstruoso (manifestado en parte en los sueños) que
le hermana con esas criaturas primordiales así como las descripciones
de las decadentes poblaciones rurales de Nueva Inglaterra y sus huraños
y siniestros habitantes.
Como se ha explicado en la descripción del
estilo de Lovecraft en este como en los otros relatos se manifiesta la
contradicción entre el racionalismo mecanicista y el anhelo de sueños
numinosos que estaban ligados a la imagen fabulosa del pasado, un pasado
aterrador dominado por las fuerzas del mal pero que son al fin y al cabo
nuestro propio pasado manifestado en símbolos que perviven en nuestro
subconsciente. El narrador va reconociendo progresivamente en los horrores
contemplados su propio origen, su pertenencia a ese pasado abismal, al
principio es un extraño, el único ser normal en un lugar
enfermo que adopta la actitud del espectador alucinado (al fin y al cabo
un “alter ego” de su propia actitud ante la vida y ante sus semejantes)
pero que acaba por descubrir que él mismo es mucho mas monstruoso
aun.
El descubrimiento de su hermandad con las criaturas
del abismo seria así una metáfora sobre la revelación
al ego racionalista de la existencia de su propio substrato irracional,
ese “terror ancestral que yace en todos nosotros
como denominador común”, el monstruo está oculto en
nuestro interior.
Pero como se ha visto también anteriormente
la transposición a la escritura de estas inquietudes están
revestidas de un armazón físico y palpable, Innsmouth es
un nombre inventado pero perteneciente al mundo real, es un pueblo señalado
en el mapa, con un pasado recogido en los anales de las bibliotecas, aunque
aislado se puede llegar hasta el simplemente cogiendo el autobús,
la descripción de sus ruinas es inquietante pero perceptible a través
de los sentidos y no se diferencia mucho de la que cualquier viajero pudiera
ofrecer de un pueblo en decadencia, sus gentes, asilvestradas y atrasadas
tienen un aspecto desasosegante pero al fin y al cabo humano y en un primer
momento achacable a la endogamia, y todo lo que le ocurre al viajero hasta
su contemplación de la alucinante horda submarina se puede interpretar
como resultado del atraso, el fanatismo y la entrega del solitario pueblo
a un rito oscurantista y maléfico, el horror de Innsmouth es un
pues y hasta ese terrible momento en la encrucijada bañada por la
luz de la luna un horror verosímil.
Pero incluso ese desfile infernal podía ser
interpretado como una alucinación provocada por el miedo y por las
extrañas leyendas escuchadas y las perturbadoras imágenes
de monstruos submarinos contempladas en la tiara, y su posterior “conversión”
en una criatura del abismo producto de la locura.
Como conclusión es de señalar una última
característica que resulta ser la más inquietante en la lectura
de este y otros relatos de Lovecraft, según muchos de sus analistas
el escritor de Providence manifestaba un profundo sentimiento racista,
desde niño su madre le decía que su familia provenía
de Inglaterra y que él era por tanto de estirpe británica
y por consiguiente ajeno al terrible país en que vivían,
más tarde manifestaría un sentimiento enormemente reaccionario,
sentía una gran predilección por el siglo XVIII en
particular y por todo lo antiguo en general a la par que un miedo visceral
por todo lo nuevo, incluso deploraba la independencia de su país,
se consideraba británico al cien por cien y adoraba todo lo que
le recordase el pasado colonial de su patria.
Amaba la Nueva Inglaterra colonial porque aún
no había sido mancillada por según sus propias palabras “esa
chusma de extranjeros miserables venidos de la Europa Continental”.
En una de sus cartas relata un viaje a los barrios bajos de Nueva York
y dice que se vio obligado a caminar por el centro de la calzada para no
rozar esa “horda itálo-semitico-mongoloide”
que pululaba, leprosa, llena de llagas y podredumbre, en las aceras.
¿Serán sus monstruos híbridos
y sus criaturas ajenas e inhumanas una transposición de aquellos
mendigos costrosos y seres degenerados?
En el relato y en un primer momento, la decadencia
física de los habitantes de Innsmouth es achacada además
de a la endogamia a la contaminación por mezcla de sangre con otras
razas, sin olvidar que posteriormente se revela que esa degeneración
es producto de la mezcla con “criaturas extrañas”, ¿sería
esto una condena implícita del concepto tan americano de crisol
donde se funden razas distintas?.
Más aun, al principio del cuento se describe
como tras informar a las autoridades de lo ocurrido en el pueblo estas
se presentaron en Innsmouth, volaron e incendiaron las casas del pueblo
y detuvieron en masa a sus pobladores internándoles en campos de
concentración (sic) sin acusación, sin juicio y sin que se
volviera a saber nada de los detenidos, no es necesario decir a que nos
recuerdan estas acciones.
Y más todavía (y soy consciente de
que estoy quizás yendo demasiado lejos) durante la primera parte
del relato del anciano, la que hace referencia a lo sucedido en la isla
de los Mares del Sur se cuenta como cuando los habitantes del resto del
Archipiélago tuvieron conocimiento del comercio diabólico
que tenía lugar allí arrasaron con todo lo que encontraron
y dejaron sobre las ruinas para protegerse de los seres acuáticos
“unas piedras pequeñas como talismanes que
llevaban grabado encima un signo de esos que llaman ahora svástica”.
¿Qué significa en realidad todo esto?
¿estamos ante un cuento de terror o ante una metáfora sobre
la limpieza étnica obra de un escritor racista y fascista? Calma!!!
Intentaremos explicar que no es así.
Por lo que cuentan sus biógrafos al final
de su vida empezaba a simpatizar con los fascismos crecientes, sin embargo
esta simpatía tiene una explicación más psicológica
que política ya que no adoptó nunca postura política
alguna de forma pública ni tuvo contacto con las organizaciones
pronazis que se multiplicaban en aquellos días, y como murió
en 1937, no se puede adivinar cuál hubiera sido su postura definitiva
cuando se revelaron las atrocidades cometidas por los nazis.
Así pues esas ideas solo deben explicarse
en razón de la personalidad de Lovecraft, sus simpatías nazis
eran simpatías de neurótico que necesitaba orden para vencer
su propio desorden, de fracasado que anhelaba poder, de hombre torturado
por su propia lógica inexorable, de niño enfermizo y delicado
que teme al obrero hirsuto, y también de hombre espiritualmente
malsano que necesitaba pureza. También laten en su profrascismo
su odio neurótico al hombre y a la sociedad, su educación
aristocrática, medrosa y miserable, su incapacidad ante la vida
práctica y también su protesta social, seguramente vio en
el fascismo un nuevo orden luminoso, un alborear real de utopías
gloriosas en las que apenas se atrevía a creer. Su profascismo se
revela entonces como puramente imaginario, ideal, fantástico como
sus cuentos.
Además su racismo tenía más
de fobia (entendida como miedo o pánico) que de odio, en sus propias
palabras “Soy sencillamente incapaz de contemplar
seres anormales sin sentir náuseas”, expresaba estos miedos
de la misma manera que un hombre con fobia a las serpientes expresaba su
miedo irracional a estos reptiles.
Por otro lado también encontramos que estas
supuestas ideas están expresadas de forma contradictoria, su amada
Nueva Inglaterra aparece en sus cuentos como un lugar tenebroso, y sus
habitantes de cuya pureza anglosajona tanto se enorgullecía se muestran
como seres atrasados, degenerados por los muchos cruces consanguíneos,
poseídos de supersticiones sin cuento, dominados por un absurdo
orgullo misoneista y encerrados en un círculo pequeño y sofocante,
con lo cual su territorio soñado se revela como una mera utopía,
Lovecraft rechaza lo extraño pero señala la decadencia de
lo propio, sentía terror por el prójimo pero sentía
como cárcel el ambiente enrarecido de los suyos.
Tampoco debemos olvidar como se señaló
al principio que el mismo en su “alter ego” del relato acaba por reconocer
su propia pertenencia a esa raza degenerada.
En fin, queda a elección del lector si desea
perderse en estas elucubraciones psicológicas, sociales y políticas
o bien si desea simplemente gozar de un cuento de terror y recorrer con
el viajero narrador la pesadillesca geografía de Innsmouth, paladear
su espanto al escuchar a la horda que rumorea por el pasillo frente a su
puerta, huir en su compañía por las oscuras calles del pueblo
perseguido por legiones aullantes y nauseabundas o tumbarse con él
sobre la hierba y contemplar el desfile de abortos de las profundidades
para terminar hundiéndose con él en las oscuras aguas y nadar
entre ciclópeas ciudades sumergidas. Yo se lo recomiendo.
“Al despertar no lograba acordarme de todo,
pero los fragmentos que recordaba habrían bastado para hacerme pasar
por un loco, o quizá por un poeta maldito.” La Sombra sobre Innsmouth,
H.P. Lovecraft |