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Todo es cuestión de
tiempo. Podría ser mañana, la próxima semana o el siguiente mes, pero el
desenlace será inevitable. Tarde o temprano van a desconectarte, ¿sabes? Cada
día que pasa está más cerca el momento en el que ellos darán, por fin, su
consentimiento. Los médicos les han asegurado que tú has muerto y que jamás
despertarás de este sueño, por llamarlo de algún modo, naturalmente, pues sólo
tú y yo sabemos que estás al tanto de lo que sucede a tu alrededor aunque la
ciencia diga lo contrario.
Ignoro quien hayas
sido antes de haber venido a parar aquí y, en lo futuro, tampoco importará
demasiado. El expediente menciona tu nombre: Beatriz. Me gusta, es un nombre
fuerte y, a la vez, sumamente femenino. Veinticinco años de edad, traumatismo
craneoencefálico a raíz de un accidente automovilístico y el temible
diagnóstico: muerte cerebral. Un final inapropiado para cualquier cuento de
hadas. ¡Qué destino tan terrible para una chica joven y bella!
Porque eres muy
hermosa ¿te lo dijeron alguna vez? Supongo que sí� una belleza como tú no puede
andar por la calle, a plena luz del día y pasar desapercibida. Seguramente
tuviste la protección de una familia, una linda casa, buenos amigos, éxitos,
fracasos, alegrías y tristezas. Supongo también que conociste el amor y
corriste con la suerte de ser amada por algún hombre (aunque eso no sólo lo
supongo, más bien estoy convencido, a juzgar por el joven alto y bastante
apuesto que ha entrado a verte casi todos los días y quien no ha cesado de
llorar en silencio desde que supo que tus horas están contadas).
Yo también conocí
el amor alguna vez� pero de eso hace tanto tiempo que ya olvidé lo que se
siente. Ella era hermosa también� te diré un secreto: te le pareces demasiado
en el tono de piel, en el cabello largo y rizado, en la nariz pequeña y
respingada, en la forma de los labios, en el cuerpo esbelto y menudo e incluso,
hasta en el detalle de haber dejado este mundo siendo tan joven... Perdón, he
mencionado tu muerte como algo irreversible. No me hagas caso, nunca me he
distinguido por mi tacto al hablar. ¡Pero es que me la recuerdas demasiado!
Ella no quería
morir. Hasta el último momento intentó probar su inocencia de muchas maneras�
sin embargo, de nada sirvió. Fue condenada como todas las demás. Y no pienses
que fui un cobarde� no, luché por liberarla hasta el final, mas todo fue en
vano. Me obligaron a verla morir y cualquier otro ser humano quizás habría
enloquecido de dolor o se hubiese dado muerte ahí mismo, pero yo me había
trazado un plan y no descansé hasta llevarlo a cabo.
Recurrí a ellos. No
fue fácil encontrarlos y menos en aquel tiempo donde muchos eran perseguidos,
acusados y condenados� Sin embargo, después de recorrer cientos de kilómetros y
de exponer la vida en múltiples ocasiones, logré dar con su paradero. Desesperado,
lleno de rencor y profundamente convencido de lo que quería hacer, les supliqué
me convirtieran en uno de ellos. Fue así como logré ser lo que soy, fue la
única manera de vengar la muerte de Constanza, pues ese era su nombre.
Pero esa es una
historia tan antigua que, a veces, yo mismo la olvido por completo, al igual
que olvidé mis rencores y se extinguió mi sed de venganza con el paso del
tiempo y la muerte de cada uno de los que propiciaron el final de mi amada.
Después de ello, sencillamente mi existencia perdió todo propósito y mi única
satisfacción se limitó a disfrutar de mi poder en solitario� Y, quizás, habría
continuado haciéndolo si no te hubiera conocido.
Nunca antes pasó
por mi mente hacer con otro ser humano lo que estoy haciendo ahora contigo,
pues aunque a menudo he estado en lugares como éste para satisfacer ciertas
necesidades, -ya llegará el momento en el cual sabrás a lo que me refiero-, jamás
me he detenido a pensar en nada ni en nadie. Sin embargo, la primera noche que
te vi aquí, decidí hacer una excepción y, desde entonces, he venido a visitarte
todos los días a la misma hora, como habrás podido notar.
Sé que tú, al igual
que Constanza, no quieres morir. He podido percibir tu enorme deseo por vivir,
la lucha encarnizada que has librado con la muerte. Y nunca, repito, te habría
propuesto algo semejante si no fuera porque sé que tu familia pronto te dejará
ir. Todo es cuestión de tiempo� Mas si ellos optan por eso, yo no permitiré que
te vayas si está en mis manos impedirlo.
Por tanto, te
pregunto ahora, ¿quieres compartir conmigo el don de la inmortalidad que una
vez me otorgaron y el cual te ofrezco ahora? Beatriz, ¿deseas convertirte en
uno de los seres que hemos burlado a la muerte en el último momento? No
necesitas responderme, sé perfectamente que eso deseas y lo dirías de viva voz
si pudieses hablar.
Te prometo que todo
será rápido, ni siquiera te darás cuenta de lo sucedido hasta que abras los
ojos a tu nueva vida. Para los demás, habrás fallecido irremediablemente. Te
llorarán, te depositarán bajo una loza fría y lloverán sobre tu ataúd flores
multicolores. Humanamente, estarás muerta. Sin embargo, yo iré por ti a la
medianoche, abriré tu sepultura y me extenderás los brazos. Renacerás del seno
mismo de nuestra madre tierra, emergerás de ella convertida en un ser que, noche
a noche, se alimentará de vida humana hasta saciarse�
Mas todo es
cuestión de tiempo y de saber esperar. Pronto, mi querida Beatriz, muy pronto, como
en los viejos cuentos de hadas, viviremos felices para siempre�
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