|
Soy Pancho, tengo 88 años y estoy
encargado del panteón del palo verde desde que abrió sus puertas en 1933, en consecuencia que la ciudad crecía
a pasos agigantados y era antihigiénico y antiestético tener un panteón frente a la escuela
leona Vicario, en el puro centro de la ciudad. Fue por eso que inicio el
panteón donde laboro, recuerdo como fueron trasladando los
ataúdes ya oxidados que habían desenterrado de aquel lugar, solo movieron los que fueron
reclamados, pero la gran mayoría quedaron
sepultados donde ahora se encuentra el edificio “banca Cremi” frente a
correos y parte del parque de la escuela.
Así fueron pasando los días en el panteón
pero lo que paso Aquella noche de abril de 1976 me tiene inquieto hasta el día
de hoy. Me encontraba yo dando el último recorrido nocturno por el cementerio, era un lunes lo recuerdo muy bien, hacia un viento muy caluroso que
quemaba la piel, los ruidos no eran desconocidos para mí. Se trataba de
animales como gatos, palomas nocturnas y ratones que
hacen sus madrigueras entre las tumbas, al encontrarme en el centro de aquel
lugar observé como una figura se acercaba cada vez más a mí, cabe señalar que el panteón está
rodeado por una barda de 3 metros de altura, rápidamente le encontré forma de una
anciana, iba vestida de negro era de
complexión robusta piel blanca pálida y su rostro estaba cubierto con un velo
de encajes todo en color negro que cubría todo su rostro y todo su
cabello cano, que parecía haber sido arreglado en
un salón de belleza. La figura caminaba muy lento apoyada de un bastón pero
llegó pronto hasta donde estaba yo, fue entonces que me dijo con voz
temblorosa pero amable.- ¡Buenas Noches caballero, busco a mi esposo! ¿Es tan amable de decirme donde está
la fosa 31 de la sección 68? de inmediato viré hacia mi espalda para señalar
bien el lugar, se trataba de aquella tumba tan
elegante donde había sido enterrado el acaudalado Lic. Narciso Escobedo de
Balbuena, desde hacía ya como 30 años, le dije con exactitud el
lugar, pero al voltear me encontré solo con
el viento caliente que golpeaba mi rostro, mi cuerpo empezó a temblar sin poder
evitarlo, caminé rápido hasta la salida pero
parecía que no podía avanzar.
Esa noche no pude dormir, al otro día llego hasta mi casa el
aviso de que había que preparar todo para darle cristiana sepultura a Doña
Alicia Montenegro viuda de Escobedo. El lugar “fosa 31 de la sección 68”.
|