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El Pont del Diable en realidad no es un
puente, si no un acueducto. Llevaba el
agua hasta la capital de la Provincia Citerior Hispana Tarraconensis: Iulia
Vrbs Triumphalis Tarraco.
Pero si hacemos caso
a la leyenda�
Hace mucho tiempo
vivía una pareja de ancianos en el bosque. Tenían que cruzar un río de camino
de su casa al pueblo. Cada día pasaban por el puente sobre el río con su burro
cargado de las cosas que vendían después en el pueblo y volvían otras. Era un puente
de madera viejo, pero cada vez que lo atravesaban, los viejos se decían el uno
al otro que tenían suerte de contar con aquel paso, pues la corriente del río
era muy fuerte y el camino para rodear el río muy largo para un día. Un otoño
lluvioso llegó una corriente muy fuerte y se llevó el puente. Los ancianos se
encontraron con que no podían pasar.
-Que tremendo
desatino- dijo el viejo- hoy no podremos pasar y yo soy viejo para construir un
puente con mis manos.
-Que contrariedad-
dijo la vieja- pasarán días antes de que se den cuenta de que no vamos al
pueblo, y más días aún tardarán en reconstruir el puente-
Se lamentaban los
ancianos de su mala suerte cuando apareció un hombre extraño en su lado del
río.
-Saludos
venerable pareja, os veo muy
perturbados- Dijo el hombre.
El anciano
inmediatamente explicó el problema que tenían con el desaparecido puente.
- Yo me comprometo a
construir un puente en una noche, además no será de madera como el anterior,
será de piedra, para que ninguna riada se lo lleve-
Enseguida
desconfiaron los ancianos.
-¿Qué hacemos?-
preguntó el a ella por lo bajo.
-Está claro que no
es posible hacer un puente en una noche, si no es con trucos o con magia.
Pregúntale cual es el pago que pide, cuales son las condiciones.
Eso hizo el anciano,
a lo que el misterioso hombre contestó que la única condición, el único pago
que exigía, era que le fuese concedida el alma del primer ser vivo que
atravesase el puente. Quedaba claro que era el mismísimo diablo el que ante
ellos estaba. La vieja meditó un poco y luego aceptó.
Al día siguiente
cuando los viejos llegaron al río el puente estaba construido. Era de piedra,
con doble arcada sobre el río. El diablo había cumplido, construyéndolo en una
noche, y esperaba al otro lado para recibir su pago.
-Mujer!, ¿qué vamos
a hacer ahora?- Preguntó el marido.
Entonces la mujer
cogió la vara y arreó al burro, que pasó delante de ella, el primero por el
puente. El diablo, engañado, tuvo que conformarse con llevarse el alma del
desdichado animal como pago por su trabajo.
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